El módulo IR de 5 W para la P3 nos llegó la primera semana de enero de 2026. Escribimos esto unos meses después, y con una información que en enero no teníamos: acabamos comprando un láser de fibra galvo porque el módulo se nos quedó corto.
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Con eso ya tienes el final. Lo que sigue es el detalle, porque "se nos quedó corto" no significa que sea un mal producto: significa que hace una cosa concreta, con unas renuncias concretas, y que hay que saber cuáles son antes de pagarlo.
Qué es y qué resuelve
La P3 es un láser de CO₂. El CO₂ es maravilloso con materiales orgánicos —madera, cuero, acrílico, cartón— y no marca el metal desnudo. Para eso hace falta otra longitud de onda, y ahí entra el módulo IR: es un láser infrarrojo de 1064 nm y 5 W que se monta en la propia máquina.
La promesa es atractiva: una sola máquina que graba madera y metal, sin comprar un segundo equipo. Es una promesa real. La cuestión es a qué precio, y el precio no es solo el del accesorio.
Lo que sí hace
Seamos justos antes de la lista de pegas: si necesitas grabar metal, sirve. Marca el acero, hace su trabajo y el resultado es un grabado de verdad, no una simulación.
Y hay un caso de uso donde nos parece una compra claramente buena: si tienes planes de grabar superficies medianas de metal y ese trabajo es una parte de tu catálogo, no su totalidad, el módulo IR te resuelve la papeleta sin abrir otra línea de inversión.
Lo primero que hicimos: caracterizarlo
Antes de meterlo en producción le hicimos lo que le hacemos a cualquier herramienta nueva: una matriz completa de potencia contra velocidad sobre una pieza de acero inoxidable, a 100 líneas por centímetro. Cien combinaciones en una sola pieza.
Merece la pena mirarla un momento, porque cuenta la historia entera del módulo. Los tonos van del gris claro al dorado, al bronce, al violeta y al azul: eso es óxido de revenido, la capa de color que aparece en el acero según la temperatura que alcanza. No estás arrancando material, estás coloreando la superficie por calor.
Esa es exactamente la diferencia entre marcar y grabar, y explica dos cosas de golpe: por qué el resultado es tan bonito cuando aciertas con la combinación, y por qué es tan sensible. Si la distancia al material cambia un poco, la temperatura cambia, y con ella el color. Volveremos a esto en un momento, porque es el origen de nuestro problema serio.
Si compras el módulo, haz esta matriz el primer día. Es media hora de máquina y te ahorra semanas de ir a tientas.
Las cuatro renuncias
Aquí está lo que no se lee en la ficha del producto y lo que a nosotros nos habría hecho pensarlo dos veces.
1. Es lento
El grabado con el módulo IR es lento. No un poco: lo suficiente como para que un pedido mediano de piezas metálicas ocupe la máquina un tiempo que no habías presupuestado. Cinco vatios es lo que es, y el infrarrojo trabaja por acumulación.
2. Te quedas sin rotativo
Esta es la que más nos dolió. Con el módulo IR montado no se puede usar el rotativo.
Y piensa en la ironía: los objetos metálicos que más gente quiere grabar —termos, botellas, vasos— son precisamente cilíndricos. Es decir, justo los que necesitan rotativo. El módulo te da la capacidad de marcar metal y te quita simultáneamente la forma más habitual de presentarlo. Para nosotros, que usamos el RA3 constantemente con termos y botellas de acero, esto fue un choque directo con nuestro flujo de trabajo real.
3. Pierdes la mitad de la superficie de grabado
El área de trabajo disponible baja prácticamente a la mitad.
Uno de los grandes argumentos de la P3 es su cama enorme. Montar el módulo IR renuncia a la mitad de ese argumento. Si compraste esta máquina precisamente por el tamaño, el accesorio va en contra de tu motivo de compra.
4. La potencia no es gran cosa
Cinco vatios en infrarrojo dan para marcar, no para trabajar rápido ni para grabados profundos. La potencia de grabado no es muy grande, y eso limita tanto la velocidad como el tipo de acabado al que puedes aspirar.
El problema que de verdad nos rompió el proceso
Todo lo anterior son limitaciones conocidas que uno puede aceptar. Esto no:
Los resultados no eran repetibles, porque la distancia al material no se medía bien con el acero inoxidable.
El sistema de medición de altura de la máquina tiene problemas con superficies metálicas reflectantes. Y si la distancia no se mide bien, el enfoque no es el correcto; si el enfoque no es el correcto, el grabado sale distinto cada vez.
Aquí es donde se paga lo que veíamos en la matriz: como el marcado en acero es color por temperatura, un enfoque ligeramente distinto no te da "lo mismo un poco peor", te da otro tono. Con la misma combinación de potencia y velocidad. Por eso una variación de enfoque que en madera sería inapreciable, en inoxidable te cambia la pieza.
En un taller aficionado eso es una molestia. En producción es descalificatorio. Nosotros no podemos entregar veinte piezas de un pedido donde cinco han salido más claras que el resto. La repetibilidad no es un lujo: es la diferencia entre poder venderlo y no poder.
Un coste escondido: el purificador cuenta las horas igual
Un detalle que solo se descubre con la factura del segundo juego de filtros en la mano.
Si trabajas con el AP2 Max, ten presente que cuenta la vida de los filtros por horas de funcionamiento, sin distinguir qué módulo está trabajando. Cien horas de módulo IR grabando metal —que apenas genera humo— gastan tanta vida de filtro como cien horas cortando acrílico, que la generan a espuertas.
Es decir: el grabado lento del IR no solo te ocupa la máquina más tiempo, sino que además te consume filtros mientras no ensucia nada. Cuando calcules si el módulo compensa, mete esto en la cuenta.
Entonces, ¿cuándo compensa?
Nuestra recomendación, con toda la matización que hemos aprendido:
Aquí no podemos no ser críticos, porque es lo honesto: a nosotros nos sirvió para algunos trabajos de bajo volumen, y esa parte la cumplió. Pero nuestra experiencia es clara: no está pensado para grandes volúmenes ni para pedidos grandes. Si tu plan es producir metal en serie, este no es el camino.
Dicho eso, hay un escenario donde nos parece muy interesante, y queremos dejarlo igual de claro que la crítica: si lo que quieres es dotar a la P3 de capacidad de tratar metal en superficies medianas —pensemos en algo del orden de 40 × 40 cm—, o si no quieres meterte en la inversión de un láser de fibra más una lente de gran cobertura, el módulo IR es una manera muy razonable de conseguirlo. Por lo que cuesta, te abre una puerta que si no implicaría otra máquina entera.
Compensa si el metal es una parte ocasional de tu trabajo, las piezas son planas o de superficie mediana, no necesitas rotativo para ellas, la velocidad no es crítica y no vas a repetir el mismo grabado docenas de veces esperando idéntico resultado. En ese escenario, el módulo IR te ahorra comprar y ubicar una segunda máquina, y es una compra sensata.
No compensa si el metal es una línea de negocio, trabajas con cilíndricos, necesitas repetibilidad estricta o el volumen es alto. Ahí lo que necesitas es otra herramienta, y cuanto antes lo asumas, menos dinero pierdes por el camino.
Cuándo toca un galvo de fibra
Es lo que acabamos haciendo, así que lo contamos sin rodeos.
Un galvo de fibra es una máquina distinta en concepto: en lugar de mover un cabezal por un pórtico, mueve el haz con espejos motorizados a una velocidad que no tiene comparación. Para grabado de metal es órdenes de magnitud más rápido y, sobre todo, consistente.
Las señales de que has llegado a ese punto son bastante claras, y son las que tuvimos nosotros:
- El grabado de metal deja de ser un extra y empieza a ser pedidos recurrentes.
- Estás rechazando trabajo por tiempo de máquina.
- Te preocupa más la repetibilidad que el acabado de una pieza suelta.
- La P3 está ocupada con lo que mejor hace —madera, corte, volumen— y el metal te la bloquea.
Ese último punto es el importante y el que más tardamos en ver: el problema no era solo que el IR fuera limitado, es que ocupaba la máquina buena. Cada hora de módulo IR es una hora que la P3 no está cortando madera, que es donde de verdad rinde.
Lo que haríamos si volviéramos a enero
No nos arrepentimos de haberlo comprado, y esto no es una fórmula de cortesía: fue el módulo IR el que nos enseñó cuánto metal necesitábamos hacer de verdad. Sin esa prueba, habríamos comprado el fibra a ciegas o no lo habríamos comprado nunca.
Visto así, funcionó como lo que en realidad es: una forma barata de validar si el metal tiene sitio en tu negocio antes de invertir en una máquina dedicada. Si lo compras con esa expectativa —explorar, no producir—, es una compra muy razonable.
Si lo compras pensando que convierte la P3 en dos máquinas, te vas a llevar una decepción. La P3 con módulo IR no es una P3 más un grabador de metal: es una P3 con la mitad de cama, sin rotativo y más lenta, que además marca metal.
Y que quede claro, porque es fácil que esta crítica salpique donde no debe: nada de esto va contra la P3. La máquina es excelente en lo suyo —cortar y grabar material orgánico en volumen— y lo sigue siendo con o sin este módulo. El IR es un accesorio de nicho para una necesidad concreta; que a nosotros se nos quedara corto dice más de cuánto metal acabamos necesitando que de la calidad de la pieza.
Sabiendo eso, la decisión es fácil de tomar. Y esa es toda la intención de este artículo.
Escriben Noemi y Javi, de Picasita. Somos afiliados de xTool y nuestro taller es espacio de demostración de la marca; nuestra P3 la compramos pagándola el día que salió a la venta. Más sobre este blog y nuestra relación con xTool.
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